domingo, 16 de enero de 2011

FOTÓGRAFOS DE CÓRDOBA: Juan Manuel Vacas, la navaja del blanco y negro


Juan Manuel Vacas (1973) es uno de los fotógrafos cordobeses de mayor proyección. Tras cursar estudios en la Escuela de Artes y Oficios de Córdoba, desarrolló su actividad profesional en la Agencia EFE y Diario de Andalucía. Hoy es fotógrafo independiente del Diario Córdoba. Protagonista de numerosas  exposiciones, sus imágenes han ilustrado libros y discos y se han publicado en diarios y revistas de tirada nacional. El escritor Fernando Molero presenta esta antología de tres de sus series Encuentros, El circo y La vida cuesta arriba, en las que nos asomamos a su mundo más personal y artístico.  


El observador, de alguna manera, decía Carlos Castilla del Pino, está en el interior de lo observado. La humanidad y sensibilidad de Juan Manuel Vacas (Córdoba, 1973), digno heredero de quien fue su padre y maestro, Juan Vacas, quedan claramente manifiestas en cada una de sus instantáneas, en el latido íntimo de cada retrato, como si algo que también es suyo y quiesiera compartir con los posibles receptores de sus imágenes permaneciera agazapado tras los ojos de quienes le sirven de modelo.



Basta contemplar la belleza plástica de las fotografías aquí seleccionadas, pertenecientes a tres series bien distintas pero hermanadas por algo más que la maestría en la composición del encuadre o el empleo del blanco y negro – recurso sin el cual sería difícil entender el trabajo de este creador singular- para comprobar que Juan Manuel Vacas, igual que si se reflejara en un espejo, está en la mirada límpida del perro del Cuco, en el cuadro dentro del cuadro desde el que se asoma el pintor Antonio Povedano, en el retrato de su padre flanqueado por dos de sus grandes amores: la cámara de fotos y su esposa, en la del hijo que cuida, protege y vigila desde las alturas, en la carne herida del clamor de la tinta de Rafa y Merche, en el gesto de cada uno de los hombres y mujeres anónimos a los que la vida se lo ha puesto muy cuesta arriba. Y es que su mirada es precisa como la navaja barbera del Chumilla, y rasga el telón de lo real para luchar contra la que viene siendo, desde el principio de los días, la gran enemiga del hombre: la muerte, y también de su hijo más cruel: el tiempo. Porque Juan Manuel Vacas sabe buscar, y como sabe, encuentra, y una vez que ha encontrado, dispara y congela, vence a los relojes, a la portadora de la guadaña, con el arma eficaz que ha aprendido a domesticar en años y años de calle, en días y días de laboratorio, en horas y horas de sueños vertidos en papel: la luz.


No son sólo el plano elegido, ni el ángulo desde que el que captura, ni la cada vez más precisa y sugerente disposición de los elementos en el encuadre, ni el juego de claros oscuros. No. Es todo eso y mucho más. Sus fotografías son huellas de un tiempo detenido que jamás volverá a repetirse, eterno en su hermosa quietud, pero que concita a la vez - ¡he aquí el milagro del hombre que mira más allá, del artista que no se conforma con lo meramente superficial!- algún tipo de historia, que si bien no conocemos, deseamos imaginar tanto con los detalles que pueblan el encuadre cuanto con aquello que queda fuera de sus márgenes. Así pues, sus imágenes participan de una cierta cualidad de lo narrativo que, por supuesto, no es ajena al sentir de su autor, que desde su trabajo de fotógrafo de prensa ha recorrido e ilustrado cientos de veces los laberintos de la intrahistoria de Córdoba.


Y mientras gracias a su trabajo los personajes que han tenido la fortuna de cruzarse en su camino continúan viviendo y lo harán para siempre en sus fotografías, Juan Manuel Vacas sigue atravesando la ciudad a lomos de su moto, protegido por su casco, como un héroe enmascarado, de día y de noche, con sol y con lluvia, en invierno y en verano, porque como hombre de bien y buen artista tiene una misión que cumplir:  la de seguir regalándonos parte de su vida en esos pequeños fragmentos de eternidad a los que los dioses de la luz y la sombra han dado en llamar fotos.

Texto: Fernando Molero.




3 comentarios:

  1. Grande Juan!!

    Un abrazo
    Manu

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  2. Eh,tío, no sé si te acordarás de mí, tu compañero del cole, Antonio... Nos hiciste a mí y a mis colegas de la malograda Asoc Leonardo la foto que apareció en el Córdoba, ¿recuerdas?
    Un saludo

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